Día 6 - Sábado Santo de 2025

Estamos en el Sabbath, el último día de la semana y el final de un ciclo. Cada día de la semana nos ha ido moviendo progresivamente en un proceso evolutivo que sirve de patrón para el desarrollo espiritual de los cristianos auténticos. El Domingo de Ramos, día del Sol, Rey del Zodíaco, veíamos a Jesús siendo recibido como un Rey. El lunes de autoridad, día de la luna, veíamos en la dualidad lunar de Jesús, sus luces y sombras, su dulzura y amargura, su suavidad y fortaleza, su externo y su interno, su humanidad y su divinidad, los eventos de la expulsión de los mercaderes del templo, la maldición de la higuera y la unción en casa de Lázaro hablan de esto. El martes de controversia, día de Marte, planeta de luchas y conflictos, nos habló del enfrentamiento de Jesús con los líderes religiosos, también de la traición y la negación. El miércoles, día de Mercurio, patrón de comerciantes y ladrones, vimos la traición de Judas y su turbio negocio con el Sanedrín. El Jueves Santo, bajo el auspicio de Júpiter, padre de los dioses, cuyo nombre en Sánscrito es Gurú, vemos la institución de la eucaristía, y la línea de transmisión discipular. El Viernes Santo, bajo los auspicios de Venus vemos a María la madre de Jesús y a las otras mujeres de su ministerio acompañando a Jesús en su pasión, mientras que los discípulos —con excepción de Juan—, estaban escondidos y asustados. Y finalmente, llegamos al Sábado Santo, bajo la influencia de Saturno, el que enseña por medio de la restricción, este es el Sabbath, el día de descanso, así como Elohim creó (crearon) al mundo en 6 días y descansó en el 7mo, así todo el drama de la crucifixión se da en 6 días y en el 7mo hay un descanso, una pausa, el final necesario para que pueda luego iniciar un nuevo ciclo.
Dice la tradición que durante el Sabbath —que inicia al atardecer del viernes y termina en el atardecer del sábado—, Cristo bajó a los infiernos. Esto es un error de comprensión muy común así como hay errores de comprensión en muchas prácticas religiosas. Jesús no fue al infierno porque "el infierno" es un concepto creado por el cristianismo posterior, Jesús al ser judío no enseñaba que existiera un infierno, cada vez que aparece en la escritura la palabra infierno, o algo así, fue un ajuste hecho por los escribas, Jesús al morir descendió al Sheol que en el Nuevo Testamento (que originalmente fue escrito en griego) se le llama Hades, en relación al reino del Dios Hades/Plutón, aunque no son exactamente la misma cosa.
El Sheol hebreo es entendido como un pozo oscuro, un lugar de descanso, en el cual el ser que ha fallecido ya no puede comer, caminar, respirar, ni pensar, ni sufrir, ni gozar, ni hacer nada de lo que hacía, en vida, es la forma en la que los hebreos entendían el no-ser, o el dejar de ser, el dejar de existir. Los saduceos creían que este era el destino final porque no había alma inmortal. Los fariseos creían que este Sheol en realidad era un estado de espera en la que el alma esperaba la resurrección y el juicio, con su consiguiente castigo o premio.
Entonces ¿Qué es lo que pasó en la cruz?
Durante el proceso de bautismo Jesús recibió dentro de sí al Cristo Cósmico, eso que los esoteristas llaman el Dragón de Sabiduría, el Ave de Minerva, el Quetzalcoatl, el Espíritu Santo, el Ángel Solar, el Señor Maitreya, el Íntimo… En la cruz, Jesús "entregó el espíritu", es decir que este componente espiritual ascendió a su lugar, y Jesús, que era la parte humana de Jesucristo, el obrero que hizo la obra de Dios, bajó al Sheol, entró al no-ser que es el verdadero ser. Esto significa que luego de disolver las tres identidades venenosas, la identidad ideal se disolvió también, y quedó el Ser en su desnudez, mostrando su verdadero rostro.
Voy a tratar de explicar esto de una forma sencilla, por lo cual será una simplificación meramente orientadora: En los caminos graduales como el cristianismo, nosotros creamos una versión buena y santa de nosotros mismos, una idea aspiracional de lo que quisiéramos ser, esa versión nuestra está llena de buenas cualidades, principalmente de sabiduría, fe y amor. Digamos que eso lo llamamos nuestra mejor versión, entonces cada día hacemos un esfuerzo para ser nuestra mejor versión, por lo cual de manera voluntaria abandonamos nuestra versión confusa, nuestra versión codiciosa, y nuestra versión criticona, de hecho cada una de esas versiones tienen muchas caras y aristas, así que estamos alertas y cada vez que identificamos que estamos siendo la versión confusa, la versión codiciosa o la versión hostil, nos detenemos, damos un paso atrás y pensamos en nuestra mejor versión, nos preguntamos ¿cómo resolvería esto mi mejor versión? por lo que corregimos y actuamos conforme a esto. Llega un momento en el que esa mejor versión es una segunda naturaleza, automáticamente actuamos de la forma correcta, porque nos hemos identificado con esta versión, y las otras versiones desaparecen o están bajo control.
Ahora bien, cambia el nombre de "nuestra mejor versión" por "nuestro Cristo Interno", y lee de nuevo, ahí tendrás una buena idea de lo que pasa.
El problema es que el Cristo también es una identidad, es ideal, pero es una identidad, y cuando algo es algo, no es lo otro, en esa identificación estamos separándonos de todo lo demás, esa es la diferencia entre el alma y el espíritu. Alma es una identidad, pero el espíritu es todas las identidades al mismo tiempo. Entonces para que Jesús (el alma) llegue al Padre (el espíritu), necesita someterse a sí mismo en la cruz, y luego, pasar por el proceso de disolución que es lo que hemos llamado descender al Sheol, que es lo que muchos místicos llaman la noche oscura del alma.
Como este proceso se da continuamente en la vida espiritual de cada uno de nosotros, no es extraño que pasemos por etapas de gran oscuridad, incluso siendo grandes devotos y practicantes, entramos en períodos en los que sentimos que no sabemos quiénes somos, qué debemos hacer, o qué debemos sentir, nos sentimos desconectados. Muchas veces no notamos que es nuestra resistencia a ese estado el que lo prolonga, es nuestro rechazo a la voluntad del Padre que hace que este sábado de descanso, en el que podemos reflexionar en nuestro sentido de vida, se convierta en sufrimiento, es nuestra falta de comprensión la que convierte el Sheol, que es como un Sabbath en nuestro camino, en un infierno.
En estos casos, lo mejor que podemos hacer es seguir a Jesús y decir: "Padre en tus manos encomiendo mi espíritu", con total obediencia y rendición. Y luego permanecer en vigilia, con plena fe, atento a las señales. No se trata aquí de tener fe en que el Padre nos resucitará, porque somos buenos, nobles y valiosos; se trata de tener fe en que si Él así lo requiere, si así lo considera, si es su voluntad, nos sacará del valle de las sombras y nos resucitará.
Suficiente por hoy.
